¿Quieres saber lo que la ia está haciendo por nuestro sistema de salud?
La Sala de Inteligencia del ADRES: cuando la inteligencia artificial colombiana se pone al servicio de la salud
Colombia también tiene talento y no es solo musical.
La #IA al servicio del sistema de salud en Colombia
Diciembre de 2025. Mientras gran parte del país se alistaba para las festividades de fin de año, en una entidad del Estado colombiano ocurría algo que debería haber sido noticia nacional: el lanzamiento de la Sala de Inteligencia del ADRES, una plataforma que integra ciencia de datos e inteligencia artificial para poner orden —literalmente— en los más de 60 billones de pesos que mueve anualmente el sistema de salud colombiano.
Ni influencer, ni unicornio de Silicon Valley. Talento colombiano, trabajando en silencio, desde una entidad pública, con el objetivo de hacer lo que ningún gobierno ha logrado del todo: saber con transparencia absoluta a dónde va cada peso destinado a la salud de los colombianos.
¿Qué es la Sala de Inteligencia del ADRES y por qué debería importarnos?
El ADRES —Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud— es la entidad encargada de garantizar el flujo de recursos entre los diferentes actores del sistema: EPS, IPS, prestadores de servicios, proveedores de tecnologías en salud. Es, en esencia, el corazón financiero de nuestra salud pública.
La Sala de Inteligencia que hoy opera allí es, en términos simples, una plataforma que consume millones de terabytes de información generada por el sistema: los RIPS (Registros Individuales de Prestación de Servicios de Salud), las bases de datos de EPS e IPS, y más recientemente, la historia clínica electrónica interoperable. Toda esa data se depura, se cruza, se estructura en catálogos de consulta, y luego la inteligencia artificial la pone al servicio de los actores del sistema para responder preguntas que hasta ahora eran imposibles de resolver en tiempo real.
Imagínese poder preguntarle al sistema, en castellano llano: “Dígame el gasto en cáncer general en Colombia, indicando dónde hay rezagos en cobertura por municipio y departamento”, y obtener la respuesta en milisegundos. Eso, que suena a ficción, ya es una realidad.
El cerebro detrás de la máquina: Daniel Garavito
Ninguna tecnología transformadora existe sin mentes brillantes detrás. En este caso, el diseño e implementación de la estrategia de la Sala de Inteligencia lleva el sello de Daniel Garavito, economista de la Universidad Nacional, con maestría en Business Analytics and Data Strategy de la EAE de Barcelona, y actualmente cursando una maestría en Ingeniería de Sistemas y Computación con énfasis en inteligencia artificial aplicada a la gestión pública.
Pero lo que hace a Garavito particularmente interesante no es solo su currículum, sino su forma de pensar la tecnología. No concibe la ciencia de datos como un ejercicio técnico desligado de la realidad social. Prueba de ello es NACER, la plataforma que él mismo creó y que permite simular cómo la desigualdad estructural —esa que empieza desde la cuna— determina las oportunidades de los colombianos. NACER demuestra con datos lo que muchos prefieren ignorar: que la pobreza en Colombia no es producto de la falta de esfuerzo individual, sino de un entramado estructural que la reproduce generación tras generación.
Garavito encarna al tipo de profesional que Colombia necesita con urgencia: alguien que domina la tecnología más avanzada del mundo pero que la pone al servicio de la solución de los problemas más profundos del país.
Una plataforma de clase mundial… hecha en Colombia
La Sala de Inteligencia no es un proyecto menor. Cuenta con el respaldo técnico del Banco Mundial, Amazon, Google, OpenAI y Microsoft. Pero quizás el dato más impactante lo reveló el propio Amazon: en septiembre de 2025, durante la fase de pruebas y entrenamiento de los agentes de IA, el ADRES fue la entidad que más poder computacional de inteligencia artificial consumió en todo el mundo. Piensen en eso por un momento. Una entidad pública colombiana liderando el consumo de IA a nivel global, superando a corporaciones tecnológicas, gobiernos y centros de investigación de países desarrollados.
Ese dato no es anecdótico: habla del volumen y la complejidad del desafío que están abordando, y del nivel de sofisticación técnica que el equipo colombiano —jóvenes científicos de datos, ingenieros y estadísticos liderados por Félix León Martínez, director del ADRES— ha logrado alcanzar.
La metáfora del paciente en cuidados intensivos
En conversaciones internas del equipo, Daniel Garavito utiliza una imagen poderosa para describir la crisis del sistema de salud colombiano: “Es un paciente vivo en cuidados intensivos”. Y para salvarlo, dice, hace falta lo que hace cualquier junta médica cuando deja de discutir para acusarse mutuamente y se pone a trabajar: aplicar el método de diagnóstico completo.
Primero, la historia clínica: de dónde viene el paciente y qué males arrastra. Después, los signos vitales: qué dicen —y qué callan— los números. Luego, el diagnóstico diferencial: escuchar todas las voces antes de concluir. Enseguida, el diagnóstico de fondo: contrastar hipótesis contra resultados reales, no contra el marcador más cómodo. Y solo entonces, con el cuadro completo, decidir el tratamiento.
Saltarse pasos, o quedarse con el primer número que confirma lo que ya queríamos creer, es —en palabras de Garavito— “el error más caro de la medicina: tratar el monitor en lugar de tratar al paciente”.
Esa frase debería resonar en cada reunión donde se discuta el futuro de la salud en Colombia.
Luces que no ocultan las sombras
Sería irresponsable pintar este avance como un cuento de hadas. La Sala de Inteligencia enfrenta obstáculos enormes, y el principal no es tecnológico, sino institucional.
El subreporte de información es el talón de Aquiles del proyecto. Según Félix León Martínez, las EPS del régimen subsidiado —que manejan algo más de 40,8 billones de pesos en recursos— simplemente no entregan información sobre cómo gestionan esos fondos. Sin datos, no hay transparencia. Sin transparencia, la inteligencia artificial se queda ciega.
Este es un recordatorio crucial: por más sofisticada que sea la tecnología, su impacto transformador depende de la voluntad política y la capacidad institucional para alimentarla con información veraz y completa. La IA no resuelve la corrupción ni la opacidad por sí sola; las pone en evidencia, pero erradicarlas sigue siendo una tarea humana.
Lo que esto significa para Colombia (y para quienes toman decisiones)
La Sala de Inteligencia del ADRES demuestra varias cosas que vale la pena subrayar:
Primero, que Colombia tiene talento de clase mundial trabajando en el sector público. No todo el talento se va del país ni trabaja exclusivamente en startups privadas. Hay científicos de datos, ingenieros y estadísticos de primer nivel construyendo desde las entrañas del Estado.
Segundo, que la inteligencia artificial no es un lujo ni una moda pasajera. Aplicada con rigor y propósito, es una herramienta concreta para resolver problemas estructurales que llevan décadas sin solución. Saber dónde están los rezagos en cobertura, las asimetrías en costos de tratamientos, o los desbalances en la asignación de recursos es el primer paso para corregirlos.
Tercero, que la transparencia radical es posible. Si el ADRES logra consolidar este modelo a pesar del subreporte, estaremos ante un precedente que podría replicarse en otras entidades del Estado: la Contraloría, la Dian, los ministerios sectoriales. La tecnología ya está. Lo que falta es decisión.
Una invitación
Si algo nos enseña el caso del ADRES es que la innovación profunda no siempre ocurre en los lugares que esperamos. No viene etiquetada con el logo de una big tech ni financiada por un fondo de capital de riesgo internacional. A veces ocurre en una oficina pública, liderada por profesionales colombianos que entienden la tecnología, pero que también entienden el país.

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Que se sepa que en Colombia hay colombianos de primer nivel construyendo soluciones de clase mundial para los problemas que más nos duelen.
Que la próxima vez que alguien diga que “el Estado no sirve” o que “en Colombia no hay talento”, tengamos esta historia para recordar lo contrario.
¡Muchas gracias por leerme!
Javier Perdomo
CEO – JPE Industries LATAM